📞 Señor Riiiing y el Silencio del Olvido 📞
Una historia nostálgica sobre timbres, tecnología y segundas oportunidades.


Había una vez un teléfono de disco llamado Señor Riiiing.
Vivía en un estante polvoriento de una casa que ya no olía a café recién hecho, ni a sopa de abuela, ni a cartas con perfume. Era un teléfono robusto, de carcasa roja, timbre metálico y un cable enroscado como un tirabuzón nervioso.

Durante décadas, fue el alma del hogar.

—¡Riiiing, riiiing! ¡Contesta, es tu tía Clotilde!
—¡Riiiing! ¡Dile que ya voy para allá!
—¡Riiiing! ¡Ay, qué emoción, es él, mamáaaa!

Sus timbres eran melodía pura. Llamaban a la vida, al chisme, a los secretos compartidos con una mano en la boca y otra en el auricular.

Pero un día llegaron ellos:
los smartphones.
Silenciosos. Inteligentes. Elegantes.
Con sus pantallas brillantes, emojis animados, mapas integrados y cámaras que hacían que hasta una tostada pareciera arte moderno.

Señor Riiiing fue desplazado.
Primero lo guardaron en una caja.
Luego en otra más chica.
Hasta que un día despertó en el ático, entre un Walkman olvidado, un reloj de cucú sin pila y una radio con acento antiguo.

Los nuevos dispositivos hablaban entre sí por Bluetooth, hacían videollamadas, enviaban stickers, e incluso daban el clima con voz sensual.
—¿Quién necesita un “riiiing” cuando puedes tener una notificación personalizada? —decían, riéndose entre bytes.

Señor Riiiing se sintió anticuado. Un estorbo.
A veces soñaba con una llamada lejana… pero despertaba entre telarañas.

—Soy obsoleto —susurraba con la voz quebrada de su bocina gastada.

Pasaron años.

Hasta que un día, la caja se abrió.
Una luz cálida se filtró por primera vez en mucho tiempo.
Una mano joven, entusiasta, lo alzó con cuidado.

—¡Mamá, mira esto! ¡Un teléfono de disco de verdad!
—¡Oh, eso es una joya, hijo! —dijo una señora con voz emocionada—. ¡Igualito al que teníamos en casa de mi abuela!

Señor Riiiing sintió cómo un tic-tac eléctrico recorría su cuerpo.
¿Lo estaban admirando?

Fue así como terminó en el Taller del Señor Tomás, un coleccionista de tecnología antigua.
Allí, entre cámaras Polaroid, Game Boys, televisores con perillas y una máquina de escribir que recitaba poesía en sus ratos libres, Señor Riiiing volvió a la vida.

Tomás lo limpió, lo conectó a una centralita especial y hasta organizó una pequeña exposición titulada:

🎙️ “Cuando los teléfonos hacían ruido y las llamadas venían con sorpresas.”

Niños hacían cola para girar el disco y escuchar ese “clic-clic-clic” tan hipnótico. Adultos se emocionaban al recordar conversaciones de amor, regaños paternos, o aquella llamada que cambió su destino.

Y Señor Riiiing, desde su pedestal, volvió a sonar.
No tan seguido. No como antes.
Pero cada llamada ahora era una joya: lenta, pausada, sincera.
Como las cosas buenas de la vida.


Lo que parece anticuado no es inútil; simplemente espera el momento y el lugar en que alguien lo mire con el valor que merece. El tiempo no borra la esencia… solo la esconde hasta que alguien se toma la molestia de volver a escucharla. 🔄📞


📞 Donde otros ven chatarra, él volvió a ser melodía.


¡Gracias por leer “Señor Riiiing y el Silencio del Olvido“! Esta es una historia de una serie creada para lectores ávidos y estudiantes de español que desean disfrutar de relatos cautivadores mientras practican el idioma. ¡Sigue atento para más historias y consejos de lenguaje que enriquecerán tu aprendizaje!

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💭✨💫

Cuando el mundo pierde su brillo, tu mente vaga inquieta o tu corazón carga un peso invisible, deja que una historia abra la puerta a lo imposible. Solo una página, una frase, una palabra… y de pronto estás en otro universo, donde la imaginación pinta lo ordinario con colores de ensueño y transforma los instantes más simples en pura magia.


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