
La Mujer que Solo Existía en la Lluvia
La primera vez que la vi, la lluvia caía en cortinas densas sobre la ciudad. Era una noche de octubre, y yo caminaba sin rumbo fijo, refugiándome bajo los aleros de los edificios mientras el agua golpeaba el pavimento con furia. Entonces, allí estaba ella.
Bajo la luz temblorosa de una farola, su silueta se recortaba contra la bruma. No llevaba paraguas ni se apresuraba a guarecerse. Se movía con una serenidad hipnótica, como si la tormenta no la tocara. Vestida con un abrigo largo y oscuro, su cabello mojado se pegaba a sus mejillas. La miré fijamente, sintiendo que algo en ella me atraía de una manera que no podía explicar.
—Hermosa noche para caminar —dijo, con una voz que me hizo pensar en antiguas canciones de cuna.
No supe qué responder. Nos quedamos en silencio, escuchando el tamborileo de la lluvia. Pero justo cuando me decidí a hablar, la tormenta amainó. La lluvia se volvió un murmullo y, en un parpadeo, ella desapareció. Miré a mi alrededor, confuso. No había esquinas donde pudiera haber doblado, ni puertas cercanas. Simplemente se había esfumado.
La vi de nuevo semanas después, en otra noche de lluvia. Caminaba por el parque, la bruma densa flotando sobre el césped. Esta vez, me acerqué con más determinación.
—Te he visto antes —dije.
Ella sonrió, pero sus ojos mostraban una tristeza insondable.
—Sólo cuando llueve —susurró.
Intenté preguntarle su nombre, de dónde venía, pero cada vez que hablaba, la lluvia empezaba a cesar. Y, como la vez anterior, cuando las gotas dejaron de caer, ella desapareció como el reflejo de una luz en un charco.
Así ocurrió una y otra vez. Cada vez que llovía, la buscaba. Y siempre la encontraba, como si estuviera esperando. Caminábamos juntos por calles vacías, hablábamos de libros, de sueños y de cosas que nunca podía recordar del todo al día siguiente. Pero cada intento de saber más sobre ella provocaba lo mismo: la lluvia menguaba y ella desaparecía.
Me obsesioné. Pasaba las noches viendo el parte meteorológico, rezando por tormentas. Leí sobre mitos, sobre espíritus atrapados en el tiempo, sobre maldiciones y amores imposibles. Nada podía explicarlo. Nada podía detenerlo.
Hasta que un día, durante un aguacero feroz, la encontré en la misma calle donde la vi por primera vez. La lluvia caía con tal intensidad que el mundo parecía disolverse en sombras y reflejos. Me arrojé hacia ella antes de que pudiera desvanecerse, sintiendo el agua resbalarme por el rostro como si tratara de borrar el momento.
—Dime quién eres —le supliqué, sujetándola de los brazos, sintiendo su frialdad, como si estuviera hecha del mismo líquido que nos rodeaba.
Ella me miró con infinita tristeza. Sus ojos reflejaban la tormenta, y por un instante, sentí que también llovía dentro de ellos. Un trueno retumbó en la distancia, y su aliento, frío como el viento de noviembre, rozó mi mejilla.
—Fui alguien, hace mucho —dijo con un hilo de voz—. Pero ahora sólo existo en la lluvia. Y tú… tú eres el único que me ha visto. El único que me recuerda.
El viento se alzó con furia, y la tormenta pareció estremecerse. La presión de su contacto disminuyó; sus manos, que un momento antes habían sido firmes, se volvieron etéreas entre mis dedos. Traté de aferrarme a ella, de anclarla a este mundo, pero su silueta se deshilachó como una sombra disipándose en el amanecer.
La lluvia cesó de golpe. El silencio se hizo insoportable.
Y con ella, la mujer desapareció para siempre.
Desde entonces, cada vez que llueve, salgo a buscarla. Camino por las mismas calles, con la esperanza absurda de verla surgir entre la bruma, de escuchar su voz entre el murmullo de las gotas. Pero la ciudad es implacable en su indiferencia, y la lluvia, que antes era mi aliada, ahora es solo un recordatorio de su ausencia. Cada tormenta trae consigo la ilusión de un reencuentro, pero al final, siempre me quedo solo, empapado y exhausto, preguntándome si alguna vez fue real.

Algunas almas no se desvanecen con el tiempo, sino con la última gota de lluvia.
¡Gracias por leer “La Mujer que Solo Existía en la Lluvia“! Esta es una historia de una serie creada para lectores ávidos y estudiantes de español que desean disfrutar de relatos cautivadores mientras practican el idioma. ¡Sigue atento para más historias y consejos de lenguaje que enriquecerán tu aprendizaje!
Explora más cuentos cortos en español e inglés visitando la sección de:
Short Stories / Cuentos Cortos
💭✨💫
Cuando el mundo pierde su brillo, tu mente vaga inquieta o tu corazón carga un peso invisible, deja que una historia abra la puerta a lo imposible. Solo una página, una frase, una palabra… y de pronto estás en otro universo, donde la imaginación pinta lo ordinario con colores de ensueño y transforma los instantes más simples en pura magia.





Leave a comment