El Espejismo de la Cascada


Hajime había pasado los últimos tres meses trabajando en una pequeña librería escondida en un callejón sin nombre. Desde su rincón tras el mostrador, observaba cómo la luz del sol penetraba tímidamente por las ventanas, proyectando sombras que se alargaban y encogían sobre el suelo, como si la ciudad misma fuera un lienzo inacabado, en constante cambio. La tienda siempre olía a caramelo derretido, aunque nunca había visto dulces en sus estantes. Ese aroma, dulce y persistente, parecía ser parte del misterio que envolvía al lugar.

Una tarde, mientras reorganizaba un estante lleno de libros sin título, una mujer entró en la tienda. Llevaba un vestido gris, del color del cielo antes de una tormenta, y sus ojos destellaban con un brillo extraño, como un relámpago atrapado en su interior. Sin pronunciar una sola palabra, se acercó al mostrador y depositó un libro. La portada mostraba una cascada inmensa que parecía desvanecerse en un horizonte impreciso, como atrapada en un espejismo.

—¿Es esto lo que buscas? —preguntó ella, su voz un susurro que parecía deslizarse directo a los pensamientos de Hajime, traspasando cualquier barrera del lenguaje.

Hajime negó con la cabeza, aunque no estaba seguro de qué exactamente estaba negando. La mujer no esperó respuesta. Simplemente empujó el libro hacia él y, con un movimiento suave, se dirigió a la puerta. Antes de que pudiera reaccionar, ya había desaparecido entre las sombras del callejón.

Hajime no pudo resistir la tentación de abrir el libro. Las páginas estaban completamente en blanco, excepto por una frase al final: “Sigue el murmullo, pero no mires atrás.”

Esa noche, mientras intentaba dormir, un sonido peculiar comenzó a llenar su apartamento: un murmullo lejano, casi imperceptible al principio, como si una multitud invisible hablara en voz baja. Confundido, se levantó y se acercó a la ventana, pensando que tal vez provenía de la calle. Sin embargo, al asomarse, no encontró a nadie. El sonido no provenía del exterior. Lo escuchaba dentro de su mente, como una invitación insidiosa que le pedía salir.

Al amanecer, casi sin recordar cómo, se encontró caminando por un bosque. Los árboles se alzaban altos y oscuros, y la luz del sol apenas lograba atravesar el denso follaje. Era un lugar que nunca había visto antes, y sin embargo, no sentía miedo. El murmullo se intensificaba con cada paso, guiándolo a través del laberinto natural hasta que llegó a un claro donde el bosque se detenía abruptamente. Frente a él, se alzaba una cascada. Pero no era una cascada común. El agua no caía al suelo; flotaba suspendida en el aire y desaparecía en un vacío cristalino que parecía no tener fin.

Junto al borde del agua, estaba la mujer del vestido gris. Su presencia no sorprendió a Hajime; era como si hubiera sabido que estaría allí esperándolo.

—Bienvenido al Laberinto del Horizonte —dijo ella con una calma inquietante, como si su llegada fuera parte de un plan predestinado.

Hajime quiso hablar, preguntar qué significaba todo aquello, pero su atención se desvió hacia el agua. La mujer señaló hacia la superficie, y él se inclinó para mirar. Lo que vio lo dejó sin aliento. Su propio reflejo le devolvía la mirada, pero algo en él estaba alterado. No era simplemente un reflejo; era una versión de sí mismo que no reconocía del todo, como si perteneciera a otra vida, a un camino que nunca había elegido recorrer.

—Espejismos de lo que podrías ser —explicó la mujer, leyendo sus pensamientos con una facilidad desconcertante—. Cada vez que escuchas el susurro, tienes la oportunidad de elegir un camino diferente. Pero si te pierdes en el laberinto, nunca regresarás.

Hajime sintió una mezcla de fascinación y anhelo hacia ese reflejo alternativo, una vida que parecía más ligera, más plena, como si en ella todo encajara perfectamente. Sin pensar, extendió la mano hacia el agua, deseando tocar esa posibilidad. Pero en cuanto sus dedos rozaron la superficie, el murmullo se transformó en un rugido ensordecedor que lo envolvió por completo.

De repente, todo desapareció. El bosque, la cascada, la mujer… todo se desvaneció en un instante, y Hajime se encontró de nuevo en la librería, sentado frente al mostrador. El libro estaba allí, cerrado frente a él. Esta vez, sobre la portada, alguien había escrito una nueva frase: “La próxima vez que elijas, recuerda mirar atrás.”

Desde aquel día, cada vez que el silencio era interrumpido por un murmullo, Hajime sabía que el laberinto seguía allí, esperándolo. Como un horizonte inalcanzable, susurraba promesas de mundos alternativos, recordándole que las decisiones no siempre tienen un camino de regreso.

Cada murmullo guarda una decisión; cada decisión moldea el horizonte.


¡Gracias por leer “El Espejismo de la Cascada“! Esta es una historia de una serie creada para lectores ávidos y estudiantes de español que desean disfrutar de relatos cautivadores mientras practican el idioma. ¡Sigue atento para más historias y consejos de lenguaje que enriquecerán tu aprendizaje!

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